Pero no cumplí.
Esa tarde yo cargaba con la cámara en mi bolsa, había mucha actividad, luces por doquier, grandes preparativos en esa parte de la ciudad y ni siquiera era navidad, me tomé el tiempo de caminar y tomar algunas fotografías, hacía mucho tiempo que no me daba tal gusto. Y aproveché para platicar conmigo misma, aproveché ese inesperado pero bienvenido momento de soledad y tranquilidad absoluta para dimensionar todo lo que estaba ocurriendo y fue cuando comprendí el motivo de tu constante pregunta: ¿Estás segura?.
Caminaba, pensaba, miraba el entorno, tomaba fotografías, las revisaba y repetía el proceso, aquello tiene un efecto terapéutico en mí. Esta fue una de mis fotografías favoritas de ese día. Sabes bien de mi fascinación por los colores.
Y di cualquier cantidad de vueltas, cayó la noche y yo seguía cerca de ti sin que tú lo supieras, pensando, pensando, tratando de apelar a toda mi capacidad de razonamiento y a toda la frialdad de la que pudiera ser capaz, era difícil, a mi gusto no había nada más qué pensar, estaba decidido, estaba dispuesta... después de todo, después de tantos años, seguías siendo esa misma constante en mi vida en la que te convertiste al poco de conocerte y que seguiste siendo pese a las circunstancias, los miedos y los motivos.

Hace poco más de cinco años de eso ¿En verdad crees que podía tener alguna duda?
Pero aquel momento de soledad e introspección fue algo bienvenido porque después de tanto pude hablar conmigo misma, después de tantos años unificaste a todo mi ser, todas las partes de mí gritaban al unísono que debía intentarlo, que no debía permitir que te alejaras una vez más de mi lado. Me di cuenta que me daba miedo porque era un paso decisivo el que estaba tomando, era acabar con una era de soledad, carencias y sufrimiento de la que me había vuelto dependiente, porque si bien no era la primera vez que tenía la oportunidad de reiniciar mi vida, era la primera vez que sentía que valía la pena.
Hoy sé que no me equivoqué.
¿Qué pasó ese día? Nos vimos a la salida de tu trabajo y cuatro días después decidiste que era tiempo de que "nos dejáramos de hacer tontos". Mi respuesta fue obvia y lo demás es historia, una historia de la que me enorgullezco porque nunca creí que cosas el Experimento de la Doble Rendija fuera tema de conversación en una cena como lo fuera anoche, 19, mientras recordábamos que un día como ese fue que nos dejamos de hacer tontos oficialmente. ¿Cuándo creí que alguien se emocionaría porque sé lo que es el cinturón de Kuiper o por mi gusto por la física, más criticado que apreciado?
Por años fuiste mi happy place mental y por fin se hizo parte de mi realidad. Malamente acostumbrada a lo contrario, aún me cuesta aún creer que tanta felicidad, que tanta constancia, congruencia y honestidad sean posibles, que tanta perfección exista. Agradezco que sea de esa forma y refuerzo esa idea mientras te escucho hablar, lo pienso cada noche cuando me acuesto a tu lado, me abrazas y no puedo sino quedarme dormida por más que luche por no hacerlo, lo pienso incluso cuando corriges mis errores y crees que me molesta...
Si tengo que resumirlo, puedo llamarlo satisfacción pura a todos niveles.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada